miércoles, 28 de agosto de 2013

Capitulo VI: Lo amé.


Escuché una voz agitada que pedía auxilio. Se escuchaba como Moseratte. Pero estaba tan asustada que apenas la reconocía. Me dolía intensamente la cabeza y todavía sentía la sangre correr. No podía levantarme y sentía tanta impotencia que apenas podía sentir mis piernas. Fue tanto así que cuando abrí los ojos, volví a desmayarme. Cuando volví a despertar estaba en algo realmente duró, abrí los ojos y lo vi a él. Si, a Frederick. Pude distinguir inmediatamente su pelo rizo y dorado. Sus ojos color miel miraban a los míos. Al ver en la situación que estaba, recogí todas mis fuerzas y me senté. Mi mirada iba de un lado a otro en busca de Monseratte, pero no la encontré. Así que volteé hacía Frederick.

—Dios Zoé, eres muy torpe. —Dijo en tono burlón. miraba hacía el suelo. Estaba limpiando sus manos ensangrentadas con un pequeño trapo. Eso me hizo recordar mi golpe así que topé mi frente pero solo había una gaza y ya no fluía más sangre. —No lo toques, te dolerá. 

—¿Me curaste? 

—Si Zoé, te curé. —Me miró con enojo, al parecer quería que le agradeciera. 

—Lo siento, gracias. —Él seguía mirando con enojo. —¿Por qué estas enojado? ¿Qué pasó? 

—No sé, tal vez pasa que encontré a alguien que me gusta pero su familia y la mía se odian. —Cuando dijo todo esto abrí los ojos y tragué en seco. Me sentí tan impotente. Solo acariciar con todo mi amor su espalda. —No me importa eso ¿Sabes? Yo quiero intentarlo contigo y la verdad es que no sé que diablos me motiva a hacerlo. —Su expresión cambió completamente, ya ahora me miraba con amor. —¿Serán tus ojos? ¿Quizás tus labios? Tus labios. 

Se fue acercando poco a poco, mirando mis labios. Se acercó tanto que podía respirar su aliento. Sus labios chocaron con los míos. Abrí mi boca lentamente para darle paso su lengua. Mi corazón latía tan rápido como un zumbido y mi respiración se iba acelerando. Su mano iba acariciando mi pelo mientras sus suaves labios besaban los míos. El cosquilleo lo sentía otra vez por todo el cuerpo. Eso no lo sentía con nadie, solo con él. Cuando lentamente se apartó de mí, él me miró a los ojos y lo amé. Si, lo amé. Cuando el beso terminó pude escuchar la voz de Monseratte a lo lejos. Así que me aparté lo más rápido posible y busqué de donde provenía la voz. 

—¡Zoé! —Inmediatamente vi aquella preciosa personita con pelo dorado agitando la mano. Vino hacía mí corriendo con una sonrisa de oreja a oreja. —Oye ¿Ya estas mejor? Te he traído un energizante. —Su voz se escuchaba un poco agitada por la carrera. Detuvo su respiración cuando vio a Frederick. 

—Mira, él me curó. —Dije sonriendo, haciéndome la idiota.  

—Eso veo. —Lo miró con tal desprecio que me asusté. —Toma tu tabla con ruedas y vayámonos. 

—Esta bien. —Miré a Fred. Él sutilmente me guiñó un ojo y yo, sutilmente le tiré un beso. Por primera vez vi como se sonrojó. Monse me agarró la mano y me fue arrastrando hasta llegar a la casa. 

Cuando llegamos a la casa mi abuela no estaba allí. Pero era casi de noche así que me bañé, cené y me acosté. Estaba muy exhausta así que me dormí enseguida. Toda la noche soñé con Frederick. Soñaba que todo lo que pasaba no era real o que no era cierto lo que decía. Desperté dos veces en la noche por aquellas pesadillas, a la tercera vez eran ya como las seis, así que me levante. Fui inspeccionando la habitación que me tocó. Era hermosa. Las paredes estaban pintadas en un verde manzana, la cama era de caoba y el marco tenía un precioso diseño. Noté que en la pared había varios marcos colgados, en uno de ellos había una foto de mi padre y yo. Creo que tenía algunos seis meses cuando eso. Es increíble ver como no he cambiado. Tengo los mismos ojos y la misma expresión. Idéntica a tu papá. En un minuto pasaron todos los recuerdos que tenía con mi padre en mi mente. Las veces que fui al parque para aprender a patinar. También recordé el día que enceramos su precioso Renault Laguna en el patio de nuestra antigua casa color naranja. En esa casa besé por primera vez a alguien. Se llamaba Sam y vivía en la casa de al lado. Era una persona increíble e íbamos juntas al colegio. Fue algo raro e incomodo pues yo no sabía que diablos hacer. Solo chocamos los labios e impresionadas por aquél acto nos separamos una de la otra. 






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